Carlos Yusti
El
escritor Vladimir Nabokov inventó a Lolita o más bien escribió la historia que
retrata las peripecias de una niña de 12 años con un señor mayor (llamado
Humbert Humbert). Nabokov tenía sus dudas sobre la novela. En primer lugar era
el tema algo escabroso para un escritor serio, luego estaba que la historia que
era un soberano invento. Los hechos narrados pertenecían en exclusiva a las
elucubraciones imaginativa del escritor, hasta los moteles de carretera donde
pernoctan los protagonistas, en una huida insensata (de esos oscuros deseos es
muy difícil escapar), son sólo postales fijas de la inventiva literaria. Al
final la arrojó al fuego y de allí la rescató la mujer del escritor. Cuando la
novela se publicó el griterío de la censura y las amonestaciones de la
moralidad pacata no se hicieron esperar. Pero eso es ya otra historia.
Encaminados otra vez con Lolita, el antecedente de la novela que se me ocurre
podría ser ( y aquí especulo no sin cierta cizaña) Charles Lutwidge Dodgson,
mejor conocido como Lewis Carroll y su pasión por las niñas Liddell y sobre
todo la más tiernita llama Alicia, a quien fotografía varias veces en fotos con
una picardía subrepticia. Desconozco si Carroll cruzó la línea de la decencia y
buenas costumbres con la niña Alicia, lo cierto es que ella inspiró los libros
que lo harían famoso: “Alicia en el país de las maravillas” y “A través del
espejo y lo que Alicia encontró del otro lado”. El primer libro de Alicia
surgió gracias a una excursión que hizo Carroll con las niñas Liddell.
El
segundo libro se gestó después de 10 años. Cierto día paseaba el escritor por los
jardines de Kensington. En el recorrido observó a unas niñas que jugaban y por
casualidad una se llamaba Alicia. Carroll se acercó a las niñas y pronto estuvo
jugando con ellas toda la tarde. Inventó trabalenguas, recitó poemas chistosos
e inventó juegos que hicieron la delicia de las chiquillas. Luego el escritor
las invitó a su casa que estaba cerca. Ya en la casa compartió otros juegos
para armar de su invención. Llamó aparte a la que se llamaba Alicia y le puso
una naranja en la mano. Le preguntó en que mano tenía la naranja. “En mi mano
derecha”, contestó la niña. El escritor la tomó de la mano y la acercó frente
al espejo y le dijo: “Mira a la niña que está en el espejo y dime, ¿en qué mano
tiene la naranja?” Con lentitud y asombro la niña contestó: “En su mano
izquierda”. Carroll le preguntó a la nueva Alicia como explicaba semejante
cambio. Esta le dijo: “Si me colocara al otro lado del espejo, ¿no seguiría
estando la naranja en mi mano derecha?”. Este episodio le proporcionó al
escritor la idea de un nuevo viaje de Alicia por el mundo de revés.
Otro ser
subyugado por las Lolitas, y uno de los más curioso, fue Henry Darger, pintor y
escritor. Dicho así no parece nada excepcional, pero en el caso de Darger la
cuestión posee un giro inesperado. Su trabajo artístico lo realizaba alejado de
su vida cotidiana y en el más reservado anonimato. Trabajaba como portero en un
hospital, el St. Joseph de Chicago. Para las enfermeras no era un artista, sino
un viejo hosco al que muchas veces lo habían visto hurgando en los pipotes de
la basura aledaños al hospital. Además le causaba curiosidad su soledad. No
tenía amigos, ni familiares. Su aspecto no era sucio, pero si descuidado y un
tanto desaliñado. Sus anteojos estaban desgastados por el uso y unidos con un
cinta adhesiva. Residía en una habitación alquilada en calle Webster. No se le
conocían vicios y al parecer asistía a misa con una devoción algo exagerada ya
que iba hasta cinco veces por día. Por lo demás daba la impresión de ser un
individuo gris y dominado por cierta taimada apatía. Lo que nadie sospechaba
era que Darger tenía años dedicado a un trabajo artístico atípico.
El trabajo
de Darger estaba compuesto como de dos partes: una escrita y la otra gráfica.
La escrita consta de 15.154 página y se titula “The story of the Vivians girls,
in what is known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinian War
Storm, caused by the Child Slave Rebellion”, cuya traducción podría ser La
historia de las niñas Vivian, en lo que se conoce como los Reinos de lo Irreal,
sobre la Guerra-Tormenta Glandeco-Angeliniana causada por la rebelión de los
Niños Esclavos. Este libro (escrito a máquina y sin espacios interlineados)
relata las aventuras de las 7 hermanitas Vivian, especie de princesas de
Abbiennia cuyas edades oscilan de los 5 a 8 años, que liberan una guerra contra
el maligno planeta habitado por Glandelianos, hombres que esclavizan a los
niños, los torturan y le infligen castigos atroces. La parte gráfica se encarga
de ilustrar las aventuras y desventuras de las hermanitas Vivian y su ejercito
infantil. Son dibujos y pinturas de grandes formatos, hasta 4 metros de alto
por 2 de ancho. Darger utiliza colores vivos y eléctricos en los que mezcla
dóciles escenas de niñas jugando en un parque con niñas desnudas, provistas
casi todas con diminutos penes, estranguladas o descuartizadas. Lo escrito por
María Gainza es exacto: “Mirar las imágenes de Darger es como entrar en trance.
Son pedazos que se despegan de las paredes de un subconsciente angustiado, que
se debate entre la felicidad sin límites y los tormentos psicológicos en carne
viva”.
En el año 2003 Jessica Yu dirigió un documental In the realms of unreal
(En los reinos de la irrealidad). La película combina dibujos animados con
imágenes reales. La película indaga por ese drama oculto en la existencia de
Henry Darger, por un destino circunscrito de algún modo a los laberintos
privados de su mente. Darger fue minucioso a la hora de plasmar su mundo. Su
obsesión por el detalle es admirable. A este respecto Agustín Fernández Mallo
escribe: “Una peculiaridad que también habla elocuentemente de la mente de
Darger es la obsesión que hay en su libro por el detalle. Es tal, que describe
todos los uniformes de los soldados, desde los botones hasta los hilvanes, da
nombres a todos ellos, así como a todos los paisajes, desde la forma de las
hojas hasta la orografía de un bosque, o especifica los mapas de las batallas
con un detalle que estremece, recordándonos a aquel magistral cuento de Borges
en el que unos cartógrafos hacen el mapa de un reino tan grande como el propio
reino. El reino de ficción de Darger era en sí mismo un mapa que ocupaba toda
su vida, desde la mañana hasta la noche”. Nathan Lerner le alquiló una
habitación a Darger y enseguida captó la peculiaridad de aquel hombre. Lerner
era fotógrafo y parte de su trabajo se había enfocado en tomarle fotos a los
enfermos mentales que pululaban en su entorno, vio en Darger otro personaje y
desde que lo conoció quiso hacerle una foto.
Cuando el peculiar escritor y
pintor murió, a los 81 años, en el año 1973, Lerner descubrió ese mundo
extraordinario de Lolitas, desnudas o con alas de mariposas, liberando una
batalla contra los esclavistas de niños. Visual como era Nathan le bastó una
mirada panorámica al cuarto, en el cual había un desorden de trabajo
concienzudo con recortes de revistas, papeles, dibujos, anotaciones, carpetas
apiladas, para percatarse que estaba más que en la pieza de un solitario en una
mente atareada en la construcción de un mundo diferente, de un mundo de Lolitas
guerreras que se enfrentan a esos oscuros deseos, manías, y prejuicios que las
que alguna manera somos esclavos. Henry Darger sólo tuvo un amigo William
Schloeder con el que nada más conversaba sobre el clima.
La vida de Darger no
fue fácil. Con apenas 12 años fue recluido en un asilo para enfermos mentales
en Illinois. Con 18 años se escapa, luego de varios intentos infructuosos,
hasta llegar Chicago. Tuvo una Hermana a la que no conoció, pero que de seguro
vivió en todas las hermanas Vivian que su mente creó y también para escapar de
ese inexorable paso del tiempo o como él lo escribió: “Al contrario de la
mayoría de los niños, odiaba ver llegar el día en que sería grande. Quería ser
joven para siempre”. Con esas extrañas Lolitas atrapadas en el espejo de su
locura quizá lo logró.
LOLITAS ENCERRADAS EN EL ESPEJO DE LA LOCURA
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